Jacques Le Goff: Retrato de un intelectual

Recuerdo muy bien la impresión que me causó leer por primera vez a Jacques Le Goff. Corría el año 2007 y con mis amigos cursábamos el segundo semestre de Historia en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Le Goff figuraba en nuestra lista de lecturas del segundo y último control para el curso dictado por el profesor José Marín: el título era “Los intelectuales en la Edad Media” (1957), y teníamos que leerlo casi completo para informarnos sobre el mundo de la universidad medieval. La lista de lecturas era enorme, y decidimos dividírnosla: cada uno leería uno de los temas y lo presentaría para los demás con lujo de detalle. Yo tuve la suerte de que Le Goff me tocara a mí: puedo decir que estuve cerca de memorizar el libro completo. Desde entonces, conté a este hijo díscolo de la Escuela de los Anales entre mis autores predilectos. Como pocos otros historiadores, lograba combinar la exhaustividad en el uso de las fuentes con una narración audaz y fluida, formando con cada página una imagen a la vez profunda y vívida de la realidad que presentaba: desde el nacimiento de la gran Universidad Medieval en las entrañas de las antiguas Escuelas Catedralicias hasta su decadencia con el ocaso del espíritu universalista en los siglos XIV y XV, Le Goff era capaz de guiar al lector en un relato tan analítico como sintético. Era “la época del genio”, claro está, cuando los autores de hecho publicaban libros. No cabe duda de que muchos de los juicios de Le Goff puede discutirlos nuestra academia puntillosa y maniática, que se siente más cómoda en el formato breve del artículo, pero es difícil encontrar la intuición brillante, la frase envolvente, la idea genial que en él eran tan comunes.

Jacques Le Goff nació en 1924 en Toulon (Francia), en el seno de una familia modesta, beneficiada por la política de bienestar social de la III República Francesca: el profesor escolar Jean Le Goff, su padre, había logrado salir de la pobreza de su propia cuna, y en su casa no faltaba nada. El joven Jacques creció entre las ideas moderadamente anticlericales de su padre, y la fe sincera y tradicional de su madre: retrato fiel de tantos hogares franceses de mediados del siglo XX. A pesar de las dificultades vividas por su decidido rechazo al régimen colaboracionista de Vichy, Le Goff logra desarrollar sus estudios, que lo llevarán a Marsella, París, Praga y Oxford (¡como un verdadero estudiante peregrino de los siglos medievales!). Tras obtener su título, trabajó como ayudante de Fernand Braudel en la Universidad de Lille, y así entró en contacto con el grupo de la Escuela de los Anales.

A diferencia de otros miembros del mismo movimiento, Le Goff pudo separar su interés por el análisis marxista de la historia de sus propias convicciones políticas: se encontraba en Praga durante “el Golpe” de 1948, y desde entonces permaneció escéptico respecto del actuar del partido Comunista en general. Además, mientras que su mentor Braudel y sus compañeros tendían a enfocarse en la historia económica y social de la Edad Media, Le Goff logró incorporar armoniosamente aspectos más inmateriales. Quizás en su conocida obra “La bolsa y la vida” puede apreciarse a la vez cuánto debía Le Goff a los Anales, y cuánto más allá se proyectaba su mente aguda e inquisitiva.

En su larga e intensa vida académica, dedicada sobre todo a la investigación, se desempeñó como director de la Escuela Práctica de Altos Estudios (y, desde su formación en 1975, como director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales). En este oficio, pudo recorrer buena parte de Europa. En 1969 ocupó también el cargo de director de la Revista de los Anales, junto a Marc Ferro y Emmanuel Le-Roy Ladurie.

Hasta la fecha de su muerte, ocurrida ayer (1 de Abril de 2014), Jacques Le Goff no dejó de producir: “¿Realmente se corta en rodajas la historia?” (Séuil, 2014) fue su última publicación.

Al recordar a Le Goff, siempre volveré sobre “Los Intelectuales de la Edad Media” y esa tarde en que, sentado en el pasto del campus San Joaquín, armado con un fajo de fichas bibliográficas garrapateadas con diferentes colores, les expliqué el libro a mis amigos. Lamentablemente, no puedo reproducir de memoria la cita con que terminé mi exposición, pero era su clásica contraposición entre el humanista del Renacimiento y el intelectual medieval: mientras que el humanista se retira al campo, a su estudio solitario, a enriquecerse a sí mismo y su círculo cerrado de amigos con el excelso conocimiento de un grupo de iniciados, el intelectual medieval es un profesor y un artesano, instalado en medio de la ciudad, rodeado de sus estudiantes, en el aula polvorienta y ruidosa, donde el conocimiento nace del diálogo y la discusión. Uno es aristocrático; el otro, hasta cierto punto al menos, popular... Estoy convencido que Le Goff vivió y encarnó el ideal de intelectual universitario medieval tal cual él lo entendía. Y la lectura de sus páginas encendidas nos comunicó a todos ese ideal.

El Medievalismo llora la partida de un maestro. En su legado, Le Goff vive para siempre.

Exequiel Monge Allen

  • J. Le Goff